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Extracto
del libro “Nociones Coránicas”, del Aiatul·lah Misbâh Iazdî
Traducido
y resumido del árabe por Feisal Morhell
Antes de entrar de lleno en el tema, será
apropiado señalar los siguientes puntos:
1- El conocimiento de cada cosa se
concreta de una de dos formas:
· El conocimiento adquirido que se
concreta mediante la percepción sensorial en el ámbito de lo
sensible y mediante el conocimiento presencial (shuhûdî) en el
ámbito extrasensorial.
· El conocimiento genérico que se
logra mediante las nociones intelectuales.
En cuanto
al conocimiento de Dios, Glorificado Sea, también se puede
aludir a dos tipos de conocimiento:
· El conocimiento presencial.
· El conocimiento genérico que se
expresa mediante las nociones lógicas.
Está
determinado que el conocimiento presencial no puede ser objeto
de enseñanza y aprendizaje, puesto que estos últimos se llevan a
cabo mediante el uso de expresiones y nociones. El mismo Corán
sólo nos indica el camino por el cual inferimos el conocimiento
presencial de Dios, Glorificado Sea.
2- Las expresiones utilizadas en los
diferentes idiomas en relación a Dios, Glorificado Sea, se
dividen en dos: algunas de ellas son usadas a título de nombre
propio, y otras a título de nombre genérico o atributo general.
A veces se utiliza una misma expresión en las dos formas (o sea
que es un tipo de expresión empleada para expresar más de un
significado).
3- A veces se utiliza para un ser en
particular un término que es nombre propio desde el comienzo, no
teniendo precedente esa expresión para un significado genérico,
y otras veces antes de llegar a ser un nombre propio tiene la
forma de un nombre o adjetivo general (como por ejemplo Muhammad,
que significa Alabadísimo).
De
acuerdo a esto, el Nombre de la divinidad (Al·lah), ya sea que
fuera original o derivado, actualmente se usa como nombre
propio, pero desde que no fue dispuesto para significar la
totalidad de las nociones pertinentes a Dios, Glorificado Sea,
entonces el estudio de la forma y raíz de la palabra no podrá
ayudarnos en este tema.
4- Las expresiones más usadas en el Corán
con respecto a Dios, son ilâh : divinidad, y rabb : amo y Señor,
por lo que será apropiado que nos ocupemos de ellas:
Ilâh
sigue el patrón morfológico árabe de fi‘âl que, al igual que el
de maf‘ûl, indica el participio pasivo de una materia verbal, y
su significado lingüístico es el de “Adorado”, pero es posible
decir que en ilâh se procura el sentido de idoneidad para lo
expresado, como sucede con frecuencia en árabe en las
derivaciones morfológicas de los verbos, por lo que su
significado será: “el Idóneo y Acreedor a la adoración”.
En cuanto
a rabb, que se traduce como “Señor”, tiene originalmente el
sentido de “Dueño de la determinación”, y en relación a Dios es
precisamente éste el sentido que expresa: el de tener la
atribución absoluta para intervenir en los asuntos de las
criaturas y administrarlos sin necesidad de tener la conformidad
de otro, tanto en el ámbito existencial como en el legislativo.
Reflexionando en el significado de ilâh y de rabb, se nos hace
patente que la “divinidad” implica el “señorío”, ya que la
adoración no es sino para quien tiene la atribución de ser
poseedor de la determinación, de caracterizarse por el señorío y
la potestad, e intervenir en los asuntos de su subyugado
independientemente, pudiendo otorgarle el bien y afligirle con
el mal.
El indicio lógico sobre la existencia de Dios en el Corán:
Muchos exégetas consideraron a varias
aleyas del Corán como indicadoras que demuestran la existencia
de Dios (la mayoría de las cuales se refieren a “la prueba del
orden”), y otros se han detenido en el asunto y han considerado
que la existencia de Dios no necesita de argumentación, y que
dichas aleyas se proponen demostrar el monoteísmo y negar la
idolatría, y que son los mismos exégetas los que extrajeron eso
en la forma de argumentos.
A esto
decimos que no es raro que el Corán mismo se proponga esas
argumentaciones a través de un camino indirecto (mientras se
demuestra la unicidad de Dios o la profecía del Mensajero del
Islam).
Se debe
prestar atención al hecho de que las argumentaciones
intelectivas demuestran la existencia de Dios mediante conceptos
racionales y que como resultado de ello logramos el
conocimiento adquirido e inferimos el genérico. El resultado de
esas argumentaciones es que existe un Ser que goza del
conocimiento, el poder y la vida, y no tiene tiempo, ni lugar,
ni se le atribuye ningún atributo limitado, y es el Creador del
mundo y del ser humano. Ese conocimiento es a título genérico,
pero restringido a un sólo sujeto.
El conocimiento de Dios es innato (Fitrî):
La palabra fitrî tiene varias acepciones
en la ciencia de la Lógica y la Filosofía, pero son tres las que
tienen relación con nuestro tema:
1- La búsqueda de Dios: prueba de ello
es que los individuos de la raza humana a lo largo de la
historia y a pesar de sus diferencias de raza, cultura y
geografía, estaban en búsqueda de La Divinidad.
2- Con “el conocimiento de Dios es
fitrî” queremos significar uno de los dos tipos de conocimiento
(el adquirido o el presencial):
· Su significado en “el conocimiento
adquirido de Dios” es que el intelecto humano percibe con
facilidad la existencia de Dios, Glorificado Sea.
· Su significado en “el conocimiento
presencial de Dios” es que el corazón humano tiene una relación
profunda con su Creador, la cual concluye cuando aleja su
atención de cualquier otra cosa fuera de la misma.
3- La adoración de Dios es una
tendencia innata.
Con el
primer y tercer sentido, la expresión fitrî expresa un tipo de
tendencia interior y no se conecta con el tema del
“conocimiento” de forma directa, a diferencia del segundo
sentido el cual comprende a la expresión en sus dos tipos,
siendo el conocimiento presencial innato el que nos proponemos
exponer a continuación.
La aleya de la fitrah:
«Y dirige tu rostro a la religión como
hanîf. Esa es la naturaleza (fitrah) en base a la cual Dios
originó a las personas. No hay cambio en la creación de Dios.
Esa es la religión inalterable, pero la mayoría de la gente lo
ignora»[1].
¿Acaso
ese asunto fitrî es el conocimiento de Dios, Su adoración, o
alguna otra cosa?
Si se
refiriera al conocimiento presencial de Dios, ello se
correspondería con lo que pretendemos exponer, y si se refiriera
al conocimiento intelectivo, entonces ello no se relacionaría
demasiado con nuestra exposición.
Se
mencionan otras dos interpretaciones para esta aleya:
Una de
ellas es que las generalidades de las creencias religiosas y sus
normas están acordes a la naturaleza humana (y según esto el
conocimiento de Dios formaría parte de la fitrah).
Otra de
las interpretaciones es cercana a ésta y dice que la adoración a
Dios es una cuestión que tiene raíces profundas en la naturaleza
humana (y según esto la aleya no se referiría en forma directa
al conocimiento de Dios, pero es posible decir que si la
adoración a Dios fuera fitrî ello implicaría la existencia de un
tipo de conocimiento fitrî en relación a Dios de forma que fuera
adorado).
Se narra
en Al-Kafi del Imam Al-Bâqir (P): “Les originó (fatarahum) en
base a Su conocimiento”.
La aleya del Mizâq (pacto):
«Y de cuando tu Señor tomó de los
espinazos de los hijos de Adán a sus descendencias y les hizo
testimoniar contra sí mismos: “¿Acaso no Soy vuestro Señor?”.
Dijeron: “Así es. Lo testimoniamos”. De modo que no digáis en el
Día de la Resurrección: “Estábamos desprevenidos de ello” * O
digáis: “En verdad que son nuestros padres los que antes
practicaron la idolatría y fuimos la descendencia que vino
después de ellos. ¿Acaso nos aniquilarás por lo que hicieron los
falsarios?”»[2].
Se
desprende claramente de estas dos aleyas que cada uno de los
individuos de la especie humana goza de un tipo de conocimiento
sobre Dios y su unicidad, y pareciera que tal diálogo no se
produce sino a través del conocimiento presencial y el
testimonio del corazón.
La Unicidad Fitrî:
Este
testimonio no se relaciona solamente con el principio de la
existencia del Creador, sino que la rubûbîîah o señorío divino
se encuentra entre aquello a lo cual se relaciona, y ello lo
testimonia el empleo de la palabra rabb en la aleya de Mizâq.
Si
hubiera una relación existencial tal entre el ser humano y otra
criatura, ese shuhûd o conocimiento presencial se manifestaría.
Entonces, ese conocimiento también comprende a “la unicidad de
Dios”, y así no queda lugar para la apostasía, puesto que la
condición de “merecer ser adorado” no es apta sino para quien es
Creador y Señor. De esa forma, esta cuestión se demuestra en
forma indirecta.
El grado de Tawhîd en el Corán:
El tawhîd
tiene el significado de considerar algo como un ente único, y
puede tener el sentido de “establecer la unidad”.
Algunos
trataron de alimentar la cultura islámica con ideas europeas
extrañas a ella, e interpretaron el tawhîd islámico con el
segundo de los sentidos mencionados, siendo que tal término no
fue utilizado en el Sagrado Corán, ni tampoco ninguno de sus
derivados, como para que discutamos sobre cuál es su
significado. Lo que se menciona en el Corán es el tema del
mismo: la unicidad de Dios.
«Di: Dios es Único»[3]
«Ciertamente que el vuestro es un sólo
Dios»[4]
«No hay divinidad excepto Dios»[5]
«No hay divinidad excepto Él»[6]
«Adorad a Dios. No tenéis más divinidad
que Él»[7]
Entonces,
el tawhîd islámico no significa sino la unicidad de Dios, en el
sentido que Dios es Uno y Único.
Pero,
¿cómo debemos considerar a Dios como uno? Ello consiste en
considerar la existencia de todo lo que no es Él como fuera de
Su esencia, y ello se expresa filosóficamente como “la unicidad
del Ser necesario”. Esto constituye la primera cuestión.
La
segunda cuestión relacionada al tawhîd es que no existe creador
más que Dios, y ello es consecuencia de la primera cuestión.
La
tercera cuestión es el tawhîd en la rubûbîîah takwînîîah o
señorío sobre la existencia y los elementos, puesto que no
depende de nadie en tal asunto.
La cuarta
cuestión se refiere a la rubûbîîah tashrî‘îîah o señorío sobre
la legislación, por la cual la legalidad de cada norma depende
del mandato divino.
La quinta
cuestión es el tawhîd en lo referente a la ulûhîîah o condición
de divinidad y ma‘bûdîîah o condición de adorado, y ello es
consecuencia del tawhîd en el señorío. Es así que el ser humano
adora a quien considera que posee una potestad sobre él.
Por lo
tanto existen dos asuntos: la creencia que Dios es el único
digno de ser adorado, y que en la práctica no sea adorado más
que Dios (y en ello consiste el tawhîd en la adoración). Por lo
tanto, el shirk o idolatría se materializa en la adoración de
algo fuera de Dios, aunque la persona no tenga la creencia de la
aptitud de ello para ser adorado (sino que lo hace a causa de
algún interés).
Existe
otro aspecto del tawhîd que es el tawhîd en el pedido de ayuda.
Ello consiste en la creencia de que no nos alcanza ningún bien
ni nos aflige ningún mal sino por Su voluntad (y este es el
sentido del tawakkul o encomendación a Dios).
Entre las
manifestaciones del tawhîd está el que la persona no tema más
que a Dios, ya que nadie más que Él tiene poder: «... Y no les
temáis, mas temedme, si es que sois creyentes»[8],
que no tengamos esperanzas más que de Dios (esto también es
consecuencia de la creencia en la rubûbîîah takwînîîah) y que le
unifiquemos en el amor, ya que éste se manifiesta por la
perfección y la belleza escondida en el amado, y esencialmente
ello sólo pertenece a Dios, y si el amor se dirige a otra
persona, será necesario que ello derive del amor a Dios y sea
por Su causa. Al final el ser humano llega en lo relacionado al
tawhîd a un punto en que ve que la existencia y la totalidad de
sus asuntos necesitan de Dios.
A veces
la persona puede llegar a tener convicción en este tema a través
de la argumentación, y otras veces su fe se enciende de forma
que llega a establecer esta realidad al grado de shuhûd o
contemplación espiritual.
Si ese
nivel de tawhîd fuera el requerido, entonces no quedaría más que
un mínimo de individuos a lo largo de la historia que hubieran
alcanzado esa posición, y si fuera suficiente tan sólo el primer
grado (o sea la mera creencia en la unicidad del ser necesario),
ello abarcaría a aquel que acepta dos creencias no acordes entre
sí (como resultado de su falta de conocimiento y carencia de
claridad en su visión). Es así que las creencias idólatras
presentan esta particularidad («No les adoramos sino para que
nos acerquen en proximidad a Dios»[9]).
Por lo tanto no cabe duda de que no es suficiente la sola
creencia en la unicidad del Creador.
Pero si
la persona cree en el señorío de Dios sobre la existencia y los
elementos (rubûbîîah takwînîîah), sin aceptar su señorío sobre
la legislación (rubûbîîah tashrî‘îîah), y cree en el derecho de
disponer normas sin la anuencia divina, ello implica la
idolatría en lo relacionado a la rubûbîîah tashrî‘îîah: «Tomaron
a sus monjes y a sus rabinos como señores en vez de Dios»[10].
Entonces,
el grado de tawhîd en el Corán es la creencia en que el Ser
Necesario se restringe a Dios, Quien es el Creador y Amo de la
existencia y la legislación, y la divinidad adorada. Y es con
esto último que se concreta la creencia en la unicidad de la
divinidad de Dios (at-tawhîd fil ulûhîâh), la cual incluye a
todos estos asuntos en conjunto (y es por eso que la consigna
del Islam es: la ilâha il·la al·lah: “No hay divinidad excepto
Dios”).
Del
Sagrado Corán no se desprende que quien alcanza algunos de los
niveles del tawhîd (sin llegar al grado mencionado) esté en
mejor situación que quien no ha alcanzado ninguno en absoluto, y
el mejor ejemplo de ello en el Corán es la historia de Satanás:
«Dijo: “Yo soy mejor que él. Me creaste de
fuego mientras que a él lo creaste de barro”»[11]
«Dijo: “Señor mío confiéreme una prórroga
hasta el día en que sean resucitados”»[12]
Vemos que
la causa de su caída fue su contravención a la orden de Dios, y
no le sirvió su creencia en la condición de Creador de Dios, ni
la aceptación de Su señorío sobre la existencia (como lo expresa
claramente la aleya). Es por eso que la negación de una norma
indudable del Islam vuelve en la negación del señorío de Dios en
el ámbito de la legislación.
Resumiendo, el tawhîd en el Islam se verifica en las siguientes
cuestiones:
1- Restringir a Dios la condición de Ser
Necesario.
2- Restringir a Dios la condición de
Creador.
3- Restringir a Dios el señorío sobre la
existencia y los elementos.
4- Restringir a Dios el señorío sobre la
legislación.
5- Restringir a Dios la condición de
adorado y de divinidad.
El Corán atribuye creación y disposición
de asuntos a otros fuera de Dios, como ocurre en el caso de los
profetas:
«Y he ahí que creaste del barro la
constitución de un pájaro con Mi anuencia, y soplaste en ella y
fue un pájaro con Mi anuencia, y curaste al ciego y al leproso
con Mi anuencia, y cuando resucitaste a los muertos con Mi
anuencia»[13].
El que
esos asuntos emanen de alguna criatura no implica idolatría,
siempre que no se tenga la creencia que esa criatura realizó
esos asuntos en forma independiente y sin la intervención de la
anuencia de Dios. La realidad de esa anuencia es lo que
denominamos como wilâîah takwînîîah (supremacía o potestad sobre
los elementos) o wilâîah tashrî‘îîah (supremacía o potestad
sobre la legislación).
«Obedeced a Dios y obedeced al Mensajero y
a los dotados de autoridad de entre vosotros»[14].
Entonces,
la creencia en la wilâîah tashrî‘îîah del Profeta (BP) o del
Imam Inmaculado (P) y de aquéllos que éstos designen, entre los
que se cuentan los grandes fuqaha’ (sabios en la legislación
islámica) durante el tiempo de la gran ocultación del Imam Mahdi
(que Dios apresure su aparición), no sólo no contradice el
tawhîd sino que forma parte de sus inferencias.
Semejante
a este asunto es la creencia en la shafâ‘ah o intercesión, la
cual está supeditada a la anuencia de Dios por un lado «¿quién
podrá interceder ante Él excepto con Su anuencia?»[15],
y por otro lado limitada a aquéllos que han sido objeto de la
complacencia divina «y no intercederán sino por aquéllos de
quienes se haya complacido»[16].
La argumentación lógica sobre el Tawhîd:
El
Sagrado Corán ha mencionado argumentos para el tawhîd:
«Si hubiera habido en ellos (los cielos y
la tierra) dioses fuera de Dios, se hubieran corrompido»[17].
En el
común de la ciencia de la lógica esto se llama qiâs istiznâ’î
(analogía excluyente o silogismo hipotético). En la ciencia de
la lógica el silogismo se divide en dos: istiznâ’î e iqtirânî
(vinculado o categórico). En el qiâs istiznâ’î primero se deja
en claro la correlación existente entre dos cosas, luego se
procede a demostrar una de ellas (pero el caso es que no se han
corrompido, entonces no hay dioses fuera de Dios). Lo importante
es dejar en claro la correlación, lo cual es posible de realizar
en tres niveles: uno simple y otros dos más académicos y
minuciosos.
1- En
cuanto al simple, es posible explicarlo de la siguiente manera:
Nosotros
necesitamos un único régimen para administrar cualquier
organismo, agrupación, grupo o comité, sino es así, ese
organismo se desploma. Incluso los asuntos de una aldea pequeña
se desmoronan si ésta llega a tener dos jefes comunales.
2-
Algunos exégetas dotados de talento filosófico trataron de
aplicar esta aleya el burhân at-tamânu‘ (argumento de
exclusión), cuyo resultado en resumen es que dos cosas no pueden
influir en forma independiente para la formación de un cierto
efecto, y si estuvieran asociadas de forma que cada una de ellas
hubiera originado una parte de ese efecto, entonces ese efecto
en realidad estaría compuesto de dos partes: una originada por
una de las dos causas, y la segunda originada por la otra.
En este argumento hay un corolario ausente
(que es la respuesta a la oración condicional, y que no se
materializa), el cual consiste en el hecho de que los cielos y
la tierra no se han corrompido (por lo que no hay dioses fuera
de Dios). Pero el caso es que lo que la aleya menciona se
diferencia de lo que se desprende del argumento de exclusión, ya
que en éste el corolario ausente consiste en la inexistencia del
mundo (si hubiera dos dioses no hubiera existido este mundo),
mientras que el corolario ausente y no materializado de la aleya
no es la ausencia del mundo, sino su corrupción.
3- El siguiente argumento requiere de la
siguiente introducción:
Este
mundo tiene un único orden (en cambio el argumento de exclusión
estaba basado en el hecho de que el mundo es un sólo existente),
y con un único orden queremos significar que por sobre todas sus
partes rige un sólo orden.
Si
suponemos que este mundo tiene diversos órdenes, entonces cada
uno de ellos tendría una divinidad, o sea ese ser del cual lo
creado toma su existencia, y que le dispuso ese orden en
particular que le es esencialmente suficiente, sin necesitar de
otra divinidad ni estar relacionado a otros órdenes. Pero el
caso es que nosotros vemos que en los cielos y la tierra hay un
sólo orden, y todas las partes de este mundo están relacionadas
unas con otras, y ello armoniza con la bendita aleya.
Por lo
tanto, el fruto del burhân at-tamânu‘ es la demostración de la
unicidad del Creador, y este argumento sumado a esto demuestra
la unicidad en el Señorío.
En el
Sagrado Corán hay muchas otras aleyas que demuestran el tawhîd
de alguna manera. Entre ellas:
«Vuestro Dios es Uno sólo. No hay más
divinidad que Él, el Rahmân (Clemente), el Rahîm (Misericordiosísimo)»[18].
El
atributo de Rahmân (Clemente) señala generalmente un aspecto de
originación y el señorío sobre la existencia. En cambio el
atributo de Rahîm (Misericordiosísimo) se relaciona a la madurez
y desarrollo espiritual del ser humano a la sombra del señorío
sobre la legislación y el establecimiento de preceptos. De esta
manera, vemos que el sentido general de la aleya es que no hay
ser que merezca ser adorado, ni divinidad fuera de Dios, Quien
es el Rahmân que ha dotado a lo existente de la existencia,
Quien es el Rahîm que hace llegar a quien transita el camino de
Su adoración a la perfección y felicidad que le es pertinente.
Luego
viene la aleya que dice:
«Por cierto que en la creación de los
cielos y la tierra, la diferencia entre la noche y el día, las
naves que surcan el mar con aquello que beneficia a la gente, el
agua que hizo descender del cielo mediante la cual vivifica la
tierra después de haber estado muerta, el que haya diseminado en
ella todo tipo de bestias, el envío de los vientos, y las dunas
suspendidas entre el cielo y la tierra, son signos para un
pueblo que razona»[19].
Vemos en
el mundo un régimen armónico interrelacionado, por lo que no es
posible que tenga una serie de divinidades o de creadores o
administradores, ya que sus elementos están relacionadas entre
sí en su existencia.
La unicidad en la esencia, los atributos y los actos:
Los
filósofos y teólogos aplican estas tres expresiones de una
forma, mientras que los místicos las utilizan con otros
significados.
Los
filósofos y teólogos, con at-tawhîd adh-dhatî (unicidad en la
esencia) hacen referencia a la creencia de que la esencia de
Dios, Glorificado Sea, es una y no tiene asociado en la misma,
por lo que en lo profundo de Su esencia no existe composición
alguna, ni hay divinidad alguna fuera de Su esencia, sino que Él
es Uno, sin asociado. En cuanto a at-tawhîd as-sifâtî (la
unicidad en los atributos), con ello quieren significar que los
atributos divinos no son otra cosa que su misma esencia y no se
diferencian de ella.
Dicen los
ash‘aritas que los atributos de Dios no son iguales a Su
esencia, sino que Dios es por Sí Mismo una realidad que posee
siete atributos que se sustentan en Su esencia y que no forman
parte de la esencia misma, sino que todos esos atributos junto a
Su esencia son todos sempiternos (y es por eso que se dice que
ellos creen en los ocho sempiternos: al-qudamâ’ az-zamânîah).
Pero el
caso es que es nuestra mente la que hace abstracción de la
esencia y distingue de la misma diferentes nociones al
observarla desde diferentes ángulos. De esa forma ve que Dios no
carece de ningún tipo de perfección, y deduce la perfección que
no es otra cosa que Su esencia, y es el intelecto el que
atribuye dicha noción (la de “pefección”) a la misma.
En
cuanto a at-tawhîd al-af‘âlî (la unicidad en los actos) se
refiere a los actos que realiza Dios, Glorificado Sea, para los
cuales no necesita de quien le ayude sino que los realiza en
forma independiente. Hay que señalar que una acción no se
verifica sino a través de la existencia de la causa, y que esa
causa también es creada por Dios y la dispuso como tal.
Existe
otra expresión entre algunos filósofos musulmanes, y es que
cuando dicen “la unicidad de la acción” se refieren al hecho de
que todas las criaturas de Dios están vinculadas
existencialmente unas con otras, de forma que en conjunto
conforman un sólo asunto; así observamos la unidad entre los
diferentes niveles de la existencia, y desde que este mundo
-según esta opinión- es una sola cosa, entonces la acción
realizada por parte de Dios es originar este único mundo, puesto
que el tiempo es un continente del mundo y no de Dios, por lo
que la relación del mundo con todos sus elementos a lo largo de
las épocas es una relación existencial con Dios. Asimismo
sucedería con el “lugar”, por lo que el tiempo y el lugar están
supeditados a la creación y no se encontraban antes que la
misma, sino que forman parte de este mundo, y por lo que el
conjunto del mismo, con todas sus dimensiones espaciales y
temporales conforman una sola cosa, y Dios, Glorificado Sea,
originó esta “única cosa”.
Este
grupo sostiene que existe una sola acción y nada más, y que
todas las acciones provienen de esa única acción.
Existen
expresiones particulares de los ‘urafâ’ (místicos) que son
quienes encuentran las realidades y las ven a través de la
autopurificación interior y cuyo discernimiento es denominado
‘irfânî (místico) o shuhûdî (contemplativo), o conocimiento
hudûrî (presencial). Los verdaderos ‘urafâ’ utilizan tres
términos para explicar lo que encontraron en el ámbito del
tawhîd, y que son: at-tawhîd al-af‘âlî (la unicidad de los
actos), at-tawhîd as-sifâtî (la unicidad de los atributos) y at-tawhîd
adh-dhatî (la unicidad de la esencia).
Los
filósofos sostienen que primero se debe necesariamente creer que
la esencia de Dios es una, luego trasladarse a la unicidad de
los atributos y ver la necesidad de creer que no hay atributos
que estén adjuntos a la esencia divina, y luego de ello acaban
en la unicidad de los actos y esclarecen que Dios no necesita de
ayuda para realizar Sus actos.
En cambio
los místicos no transitan este camino, sino que cimentan el tema
siguiendo el curso humano, por lo que comienzan con la unicidad
de los actos, y si la percepción del ser humano se desarrolla
más, llega a tener la aptitud de reconocer la unicidad de los
atributos, y el último nivel al cual llega el místico es el de
la percepción de la esencia divina.
Pero
ellos con la expresión “unicidad de los actos” quieren expresar
que aquéllos que han purificado sus propios espíritus perciben
que toda acción es la acción de Dios, y que cualquiera fuera de
Él no es sino Su instrumento, y luego de ello llegan a la
“unicidad en los atributos”, etapa en la que ven que todo
atributo de perfección es original de Dios. De esta manera el
místico a veces llega a un grado en el cual donde sea que ve
conocimiento, está viendo el conocimiento de Dios, y así en
relación al resto de los atributos divinos.
El último
nivel del tawhîd al que llega el ser humano según los místicos
es al de la “unicidad de la esencia”. Ellos dicen que cuando la
persona llega a este nivel cualquier cosa que ve es como si
estuviera un espejo en el cual se refleja la existencia de Dios,
Glorificado Sea, y que esa kazrah (multiplicidad) que ve en el
mundo retorna a la diversidad de espejos... y el espejo no es
luz, sino tan sólo un reflejo de la luz divina.
Hasta qué punto nos es posible conocer a Dios:
Con
respecto al conocimiento presencial de Dios, Glorificado Sea,
éste se incrementa cada vez que el alma se desarrolla y eleva el
nivel de su desprendimiento y concentra su atención. En cuanto a
lo que el alma de la persona puede contemplar, ello está en la
medida de la amplitud de su existencia.
Con
respecto al conocimiento adquirible (husûlî), sus niveles se
diferencian en lo que se refiere a precisión y a variación de
conceptos, pero ningún concepto puede reflejar su referente de
forma completa a menos que la persona lo haya determinado
anteriormente a través del conocimiento presencial. Por eso, el
intelecto es incapaz de comprender la realidad de Dios.
El
provecho de los estudios filosóficos y racionales es que
preparan la mente para representar las nociones racionales
factibles de aplicar a Dios de forma más precisa. En cuanto al
conocimiento racional de Dios, existen dos tendencias extremas:
una la de los mushabbihah (quienes describen a Dios con
atributos humanos), quienes utilizan respecto a Dios,
Glorificado Sea, incluso conceptos que contienen significados de
insuficiencia, por haberse aferrado a narraciones y aleyas
alegóricas como las que dicen: «El Misericordiosísimo, ha
asumido el trono»[20],
«...Venga tu Señor»[21],
etc., siendo que ello contradice a aleyas determinantes como la
que dice: «Nada se le asemeja»[22].
La
segunda tendencia es la de los partidarios de la absoluta
exención (tanzîh) de cualquier forma de atribución, quienes
sostienen que el ser humano no puede percibir ninguna noción
sobre Dios, Glorificado Sea, a excepción de aquello cuyo
significado es el de negar tal cosa como atribuida a Dios (o sea
los atributos negativos o sifât salbîâh). Para ello se aferran a
la aleya que dice: «No dispongáis ejemplos para Dios. Por cierto
que Dios sabe y vosotros no sabéis»[23],
«Glorificado sea Dios de cuanto le
atribuyen * Excepto los siervos sinceros de Dios»[24],
y sostienen que lo que perciben nuestras mentes son
calificativos, siendo que estas aleyas consideran a Dios exento
de los calificativos de la gente, y que las aleyas no solamente
se proponen refutar a los asociadores, sino que expresan el
tanzîh respecto a la calificación que pudiera realizar
cualquiera, a excepción de los sinceros. Esto lo delimita el
istizna’ (la excepción expresada en la aleya: “excepto los
siervos sinceros de Dios”) que es un tipo de istzna’ munqati‘
(excepción disociada) la cual es en árabe más elocuente para
expresar el hasr (que consiste en circunscribir la predicación
al sujeto).
Es posible refutar tal pretensión alegando
que el hasr presente indica que hay dos tipos de calificadores,
y la aleya rechaza lo que sostienen los asociadores y confirma
las palabras de los sinceros. Por lo tanto no se refiere al
resto de los calificadores (sino que se restringe a esos dos
tipos de calificadores). Incluso si diéramos por sentado el
tanzih respecto a la totalidad de los atributos a excepción de
los atributos de los sinceros, aún así no se desprende de la
aleya que el intelecto no pueda percibir las nociones de los
nombres y atributos divinos. Es necesario señalar que los
“conceptos negativos” (como lo serían aquí los atributos que
queremos descartar de Dios) son en potencia positivos, ya que el
significado de ausencia no se advierte sino prestando atención
al significado existente y positivo (por lo que la negación de
la ignorancia, por ejemplo, es en potencia la verificación del
conocimiento, y no es correcto que el atributo negativo que
negamos esté restringido como lo está nuestra ignorancia
restringida, ya que ello no repele la ignorancia absoluta, por
lo que no será suficiente para rechazar la ignorancia absoluta
de Dios).
El
equívoco de éstos es producto de confundir el concepto (mafhûm)
con el referente (misdâq) (por ejemplo no podemos ver las
radiaciones ultravioletas o los rayos infrarrojos, pero podemos
percibir su noción aunque no veamos el referente). Abundan
sofismas como ese, y ello se explica en la ciencia de la Lógica
al tratar el tema de los sofismas.
Con esto
podemos acercar los dos grupos entre sí, por el hecho de que el
propósito del primer grupo es que nosotros conocemos las
nociones utilizadas respecto a la esencia divina, y el propósito
del segundo es que no conocemos nada de la naturaleza y realidad
de la esencia divina. Así, el conocimiento de la esencia divina
se restringe al conocimiento presencial, el cual tiene niveles
diversos y depende de la capacidad que tiene la persona. El
propósito no es tener completo dominio sobre la esencia divina:
«Y no Le podrán abarcar en conocimiento»[25].
Por lo
tanto, el conocimiento de la esencia divina de una manera
limitada y desde un ángulo en particular es posible a través del
corazón, en cuanto a la acción del intelecto, es simplemente la
percepción de las nociones.
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